lunes, 21 de mayo de 2012

La Fe, acto de amor

Con motivo de celebrar los veinte años de la publicación del Catecismo de la Iglesia, el Papa Benedicto XVI nos ha convocado a celebrar el Año de la Fe, que se iniciará el 11 de octubre de este año. Por tal motivo fui invitado el pasado jueves a un Coloquio sobre la FE. Mucho entusiasmo causó esta frase del Cardenal Henry Newman: “Creemos porque amamos”.


Justamente el hilo conductor de ese coloquio fue el convencimiento de que un acto de Fe trasciende el ámbito del conocimiento y se sitúa en la esfera del amor. Tanto en nuestra vida diaria como en nuestra relación con Dios, creemos porque amamos: “We believe because we love” afirmaría Newman en uno de sus sermones en Oxford University.

Esta experiencia religiosa es muy humana pues no es algo ajeno a esa manera de conocer que podemos denominar fe humana. Uno de los estudiosos de esta cuestión, el profesor César Izquierdo afirma categóricamente que no existe grupo humano donde no se produzca este modo de relacionarse, donde la confianza en el otro juega un rol importante.

Claro que esa confianza se da de diverso modo, según las circunstancias y al grado de estima que tenemos a los demás. El Beato Henry Newman establece diversos niveles: la persona que confía en la fidelidad de su amigo, el detective que intenta resolver un crimen y que para ello da suma importancia a la veracidad de los testigos, o el historiador del arte que prueba la autenticidad de un cuadro... Todo ellos analizan indicios de pruebas muy diferentes, pero al final terminan emitiendo un juicio de confianza (Grammatica dell’Assenso).

Esa confianza nos ayuda a vivir mejor, pues la fe de cada día –tanto humana como divina– es un bien para el hombre, dado que sin confianza una sociedad no puede vivir, como nos recuerda el Cardenal en Religious Faith Rational: “El mundo no puede funcionar sin confianza. Lo peor que puede ocurrir en un país es que se extienda la falta de confianza entre unos y otros. La desconfianza, la falta de fe, rompe los lazos de la sociedad humana (…) Es por esta razón que el “estado de incredulidad” debamos considerarlo como esencialmente contrario a la naturaleza humana” (I, 15)
John Henry Newman nació el 21 de febrero de 1801 en Londres, de padre anglicano y madre calvinista, la misma que lo inició desde muy niño en el estudio de las Escrituras. Cuando tenía 15 años, estando en el Trinity College, tuvo una vivencia que relató en estos términos: “confirmar mi desconfianza hacia la realidad de los fenómenos materiales y descansar en el pensamiento en dos y sólo dos seres absoluta y luminosamente autoevidentes: yo y mi Creador”. Desde aquel entonces Henry Newman profundizó en el tema de la fe como relación interpersonal. En esta experiencia personalísima –“My self and my Creator”– ha fraguado su propia vida y sin ella difícilmente podría explicarse su noción de asentimiento religioso en términos de “confianza y sumisión”.

En el YouCat se responde acertadamente a la pregunta 21 que la “fe es saber y confiar”. Con las siglas “YouCat” se conoce al Young-Catechism o “Catecismo Juvenil de la Iglesia”, un manual de bolsillo editado en Alemania el año 2010. Confiar significa arriesgar. Desde luego que el riesgo que se asume no es precipitado sino que está motivado por la confianza. El YouCat ilustra esta idea de este modo: “Cuando un paracaidista pregunta al empleado del aeropuerto: «¿Está bien preparado el paracaídas?», y aquél le responde, indiferente: «Creo que sí», no será suficiente para él: esto quiere saberlo seguro. Pero si ha pedido a un amigo que le prepare el paracaídas, éste le contestará a la misma pregunta: «Sí, lo he hecho personalmente. ¡Puedes confiar en mí!». Y el paracaidista replicará: «Te creo». Esta fe es mucho más que saber: es certeza. Y ésta es la Fe que hizo partir a Abraham a la tierra prometida, está es la Fe que aún hoy mantiene en pie a los cristianos perseguidos” (p. 25-26).

Tras todo lo dicho podemos concluir afirmando que la fe es un acto de amor, antes que un acto de la razón: “Nada puede y debe ser creído sino el Amor. Sólo el Amor es digno de fe” sentenció acertadamente Hans Urs von Balthasar.

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