miércoles, 30 de mayo de 2012

Las Humanidades y la formación de la persona


Foto: La Academia de Rafael Ranzio en Museo Vaticano.
En estos últimos siglos estamos asistiendo a un proceso de expansión de la ciencia y la tecnología nunca antes visto y cuyo desarrollo es imposible de prever. Nuestra sociedad y hasta nuestros niños no son ajenos a tal proceso, al contrario, estos últimos poseen un rol protagónico. No se trata de estigmatizar estos medios sino de integrarlos en la formación de cada persona. No se trata de reducir los conocimientos científico-técnicos ni de contraponerlos con las humanidades. Se trata de aunar, complementar y armonizar todos los saberes; rompiendo las barreras de aquella falsa doble cultura de “ciencias y letras”.
Existe una amplia e inabarcable bibliografía en humanidades y no pueden negarse sus logros en la formación universitaria y también en los programas de capacitación de las empresas. Asegurar una mejor calidad educativa en los jóvenes y adultos requiere incorporar contenidos humanistas en los programas curriculares para educar en la tolerancia, en el respeto, en la solidaridad, en la pluralidad ideológica y sobre todo en la convivencia pacífica.
Como puede apreciarse, el humanismo no es, pues, un proceso de erudición intelectual sin sentido ni utilidad en la enseñanza universitaria. Tampoco son meros contenidos para aumentar el bagaje cultural. Estos reduccionismos han propiciado el menosprecio a las humanidades.
Es hora de reivindicar las humanidades, lo cual supone incluir en los currículos universitarios y en toda enseñanza superior, una sólida formación humanística y ética, que garantice el ejercicio de la formación de nuestros profesionales y ciudadanos en general, para beneficio de la sociedad; lógicamente sin descuidar los estudios científico-experimentales que contribuyen a solucionar problemas socio-económicos y técnicos de los pueblos.
En resumen, podría decir que, entre otros, estos son los aportes de las humanidades:
  • Despierta la capacidad de admiración para contemplar el mundo, apreciando su veracidad y belleza, conduciendo a las personas a cultivar la estimación y vivencia de los valores.
  • Contribuye al pensamiento crítico y reflexivo, con capacidad para estar por encima de tópicos de moda y opiniones de turno.
  • Son saberes que humanizan la técnica, el trabajo científico, el mundo económico y pragmático de las personas.
  • Las humanidades ayudan a saber amar, porque el amor es totalmente ajeno a los parámetros utilitaristas. El amor es puro don, pues donde hay interés, no hay amor. El amor al mundo y a la vida, a la verdad y a la belleza, a la naturaleza y al destino, al trabajo y al ocio.
Contemplar, pensar y amar. Estas son acciones y facultades propias del ser humano, que deben ser desarrolladas y potenciadas en todo proceso formativo.

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