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| Foto: La Academia de Rafael Ranzio en Museo Vaticano. |
Existe una amplia e inabarcable bibliografía en humanidades y no pueden negarse sus logros en la formación universitaria y también en los programas de capacitación de las empresas. Asegurar una mejor calidad educativa en los jóvenes y adultos requiere incorporar contenidos humanistas en los programas curriculares para educar en la tolerancia, en el respeto, en la solidaridad, en la pluralidad ideológica y sobre todo en la convivencia pacífica.
Como puede apreciarse, el humanismo no es, pues, un proceso de erudición intelectual sin sentido ni utilidad en la enseñanza universitaria. Tampoco son meros contenidos para aumentar el bagaje cultural. Estos reduccionismos han propiciado el menosprecio a las humanidades.
Es hora de reivindicar las humanidades, lo cual supone incluir en los currículos universitarios y en toda enseñanza superior, una sólida formación humanística y ética, que garantice el ejercicio de la formación de nuestros profesionales y ciudadanos en general, para beneficio de la sociedad; lógicamente sin descuidar los estudios científico-experimentales que contribuyen a solucionar problemas socio-económicos y técnicos de los pueblos.
En resumen, podría decir que, entre otros, estos son los aportes de las humanidades:
- Despierta la capacidad de admiración para contemplar el mundo, apreciando su veracidad y belleza, conduciendo a las personas a cultivar la estimación y vivencia de los valores.
- Contribuye al pensamiento crítico y reflexivo, con capacidad para estar por encima de tópicos de moda y opiniones de turno.
- Son saberes que humanizan la técnica, el trabajo científico, el mundo económico y pragmático de las personas.
- Las humanidades ayudan a saber amar, porque el amor es totalmente ajeno a los parámetros utilitaristas. El amor es puro don, pues donde hay interés, no hay amor. El amor al mundo y a la vida, a la verdad y a la belleza, a la naturaleza y al destino, al trabajo y al ocio.

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