Quizá resulte atrevido identificar los motivos que llevaron a la Academia Sueca a otorgar el Nobel a Mario Vargas Llosa, pero no cabe duda que hubo algún tinte ideológico. No es extraño, pues nadie negará que todo escritor trasmite en el fondo un mensaje ideológico y nos ofrece un modo de ver el mundo, sea desde una perspectiva realista o racionalista, materialista o espiritualista, entre otras cosmovisiones.
En lo que respecta a Vargas Llosa, su talante literario ha logrado “plasmar la derrota del individuo a cargo de las estructuras de poder”, un síntoma de la escabrosa relación entre la persona individual y el estado. La reflexión sobre el lugar del individuo en la sociedad es tan antigua como la Filosofía. Para Aristóteles "la ciudad es por naturaleza anterior al individuo, pues si el individuo no puede de por sí bastarse a sí mismo (…) El que sea incapaz de entrar en esta participación común, o que, a causa de su propia suficiencia, no necesite de ella, no es más parte de la ciudad, sino que es una bestia o un dios" (Política, 1,1).
Como Aristóteles, los pensadores griegos clásicos postularon que el individuo está en función de la sociedad, la que –como estructura social– posee una entidad más perfecta que el propio ciudadano espartaco o ateniense. Desde entonces (siglo IV a.C.) la relación sociedad/individuo ha devenido en sendas teorías que van desde el colectivismo-socialismo hasta el individualismo. Lo primero ha extrapolado los postulados griegos concediendo a la sociedad un papel preponderante en la constitución del individuo, quien sería nada sino fuera por el estado. En el extremo contrario, tal vez con el deseo de consolidar al individuo, aparece el “individualismo”, que niega entidad al estado o a lo mucho se le reconoce su papel funcional para garantizar la paz de los individuos y para defender sus derechos gracias a un contrato social.
En países cuya vida sociopolítica ha estado amenazada continuamente por los colectivismos, es importante recobrar el valor del individuo. Éste es el caso de nuestro Perú, pues en el tiempo del Incanato, en la época Republicana y también en la democracia la individualidad de los ciudadanos ha sido debilitada por las dictaduras y totalitarismos. Mario Vargas Llosa ha querido mediante su pluma reivindicar a ese individuo, lacerado por el estado o sociedad, con regímenes totalitarios, la corrupción, o los males sociales como la prostitución, las drogas, la pobreza. El escritor quiere recuperar la individualidad, sobre todo de la juventud que tiende a la masificación ese “concierto multitudinario los jóvenes de hoy comulgan, se confiesan, se redimen, se realizan y gozan de esa manera intensa y elemental que es el olvido de sí mismos”.
Para Vargas Llosa es un reto ayudar a ese joven o ciudadano a ser libre, para auto-afianzarse en esta sociedad. Defender al individuo frente a estas estructuras que lo oprimen es algo muy positivo. No obstante, al Mario Vargas Llosa de ese Premio Nobel no lo vamos a encontrar en una simple lectura de sus novelas sino en un análisis serio de su pensamiento y, sobretodo, en su labor de ensayista.
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